El gato que está triste y azul, Roberto Carlos, 1972

¿Sabéis esas veces que alguien menciona una canción conocida y, de repente, se te mete en la cabeza para no irse en lo que queda de día? Pues eso mismo me ha pasado hoy en el trabajo -ese bien cada vez más preciado- a raíz de cierta persona cuyo nombre de pila era Roberto Carlos. Y claro, hasta la llegada del futbolista del Real Madrid, ese nombre era absoluta prerrogativa del protagonista de la Píldora de hoy. Con lo cual, el anónimo Roberto Carlos Nosequé acabó rápidamente asociado al cantante. Y de ahí al tema que tenéis delante mediaron unos tres microsegundos. 
En realidad, hace bastante tiempo que quería traer esta canción al blog, una de aquellas que marcaron la infancia de los tipos de mi edad, y una de las favoritas de la mayoría de nuestros padres. Pero la misma eficiencia que tiene Youtube con los temas anglosajones es algo menos eficiente en los hispanos, lo cual es sólo culpa de nuestro carácter más perezoso a la hora de rescatar y subir canciones. Como sea, aquí está aquel fantástico gato que, por algún motivo, estaba triste y azul. 
Roberto Carlos fue uno de los poquísimos cantantes brasileños que hizo (mucha) fortuna con un estilo totalmente alejado de la samba, la bossa nova y demás aires propios de su tierra. Comenzó su carrera influenciado por los Beatles y el pop en inglés, aunque hacia los años setenta derivaría en su bien conocida faceta de cantante melódico. 
Probablemente El gato que está triste y azul es su tema más emblemático, y eso que tuvo muchos. Originalmente compuesto en italiano como Un gatto nel blu, el propio Roberto Carlos lo cantó en ese idioma para el festival de Sanremo de 1972. Aunque no llegó a la fase final, el tema se tradujo inmediatamente al castellano y se convirtió en un éxito absoluto a este lado de la frontera. 
A todas estas ¿por qué el gato era azul? En italiano, “blu” -”azul”- puede traducirse más o menos poéticamente como “cielo”, así que la canción se titulaba algo así como “el gato en el cielo”, también curioso, por cierto. Bueno, pues al parecer, la traducción española de la letra la hicieron dos tipos de nombre tan castizo como Buddy y Mary McCluskey.  Como la rima se resistía, los McCluskeys tiraron por el derecho y decretaron que el gato estaría “azul”, y ya puestos, “triste”, estado de ánimo que también suele asociarse a ese color. Así que finalmente quedó aquel título tan evocador como extraño. 
Con todo, sigue pareciéndome una canción maravillosa. Que, a estas horas, sigo teniendo una y otra vez rondando mi cabeza: creo que me la llevaré a dormir. 

Hasta la próxima.