Bàrbara Forés Blanc 2011

Bàrbara Forés Blanc 2011

Bàrbara Forés es una de las bodegas emblemáticas de la DO Terra Alta. Hace años que les conozco, hace más todavía que bebo sus vinos y veo cómo siguen aprendiendo y progresando. Además, para qué negarlo, me gustan como personas. Cada vez tengo más claro que cuando me gustan unos vinos, las personas que están detrás tienen algo que me gusta también. En este caso, es más que algo…discreción, atención, trabajo bien hecho, grandes resultados. Su blanco con crianza, El Quintà (última añada 2010) es uno de los grandes blancos catalanes (con y sin premios; si es con ellos, mejor, claro), gran expresión de la garnacha blanca, símbolo de fresca y concentrada mediterraneidad. Su tinto El Templari (añada 2009), con garnacha tinta y morenillo, es uno de mis mejores compañeros de mesa. Hay que destacar el papel crucial de la bodega en la valoración actual de esta variedad autóctona, la morenillo, que seguirá dando grandes alegrías a los amantes del vino con características bien identificadas con un territorio. Y su vino dulce, Dolç Bàrbara Forés 2009, es un VND de garnacha blanca (en esta añada, hecho a la Mediterráneo muy del sur, con la uva deshidratada sobre cañizo) que acumula los recuerdos del postre de músico pero con mayor frescura y bondad de la fruta (no hay alcohol añadido). Pero hoy quiero decir cuatro cosas de uno de sus vinos “bread&butter”, esos vinos que todas las bodegas tienen y sobre los que, no todas, tienen que asentar la bondad de sus números y la de su fama.

El Bàrbara Forés Blanc 2011 es un vino que se compra por 6-7€ y que vale mucho más de lo que cuesta. Hecho también de garnacha blanca (sin duda, una de las señas de identidad de la Terra Alta y de esta bodega), con un 3% de viognier, es un vino que nace de una primavera lluviosa y de un verano muy seco. La cepa trabajó, en el momento de maduración de la fruta, con dureza para sacar su fruta adelante. Y la vendimia tuvo que empezar temprano. Es un vino sin crianza de madera pero que puede aguantar muy bien unos años de crianza en botella. La maceración pelicular larga (20 horas) y la fermentación controlada por frío de 15 días, se lo van a permitir. Con 14%, hay que tomarlo fresco, pero no frío porque el alcohol no pesa. La primera nariz es de cítricos y el primer trago te devuelve cierto amargor vegetal de la variedad. El vino tiene el equilibrio y temperamento de la flor de la mimosa: es punzante y limonero, pero al mismo tiempo atrae por su frescor y por un mínimo punto dulce (de la viognier). Casi tiene un punto de miel de azahar y a ratos, me trae el recuerdo de los naranjos en flor tras la lluvia. Qué aroma tan atractivo. Este vino es una buena “golosina”, que acompaña de maravilla cualquier pescado con personalidad, sobre todo al horno. Aunque como aperitivo y para no pocos platos del recetario japonés, será también un buen aliado. Con un poco de aire y de temperatura, te devuelve aromas de membrillo maduro y de fresia.