Tus limites los decides tu.

Hace un tiempo, escuché la teoría del amaestrador de pulgas. Consistía en dejar una pulga en el suelo y hacerla saltar. El salto era realmente alto, por encima de dos metros.
El siguiente paso era el de buscar la forma de que la pulga saltara hasta cierta altura. Así que ordenó a la pulga saltar de nuevo, pero puso la mano para que no saltara tan alto. Efectivamente se dio un golpe contra ella (la mano), y el siguiente salto tan solo lo dio hasta esa altura.

Así pues, el amaestrador fue bajando la mano, hasta que consiguió que la pulga entendiera que su límite era medio metro. Después de varios golpes, el amaestrador de pulgas retiró la mano y consiguió que la pulga decidiera que su límite era ese y que saltara tan solo hasta medio metro.

En realidad, la pulga tenía la posibilidad de saltar por encima de los dos metros, pero desde ese instante  tan solo consiguió saltar 4 veces menos.

La moraleja está clara: los límites los decide uno mismo. Debemos ser capaces de afrontar retos, e imponernos a nuestros propios miedos. Cualquier cosa que cambiemos ha de ser para mejorar y crecer, y superar nuestras propias expectativas.

Se trata de entender que los límites de lo que somos capaces de hacer, no van mas allá de lo que sean nuestras posibilidades reales, pero que buena parte de los frenos y barreras que imaginamos para alcanzar un objetivo, solo están en nuestra cabeza, y son obstáculos que a veces no son ciertos.

El reto esta vez, es creer en uno mismo y ser objetivos con nuestros propios límites.