Vinos de Languedoc-Roussillon: el futuro

Les Pyrinées des Conilhac de la Montagne

No quiero hacer un artículo lleno de datos, sino de sensaciones. Los datos que las confirmen van llegando e irán creciendo en el futuro. Creo que Francia sigue siendo el país del mundo que posee la más poderosa tradición vitivinícola. No estoy hablando sólo de cantidad de castas autóctonas o de cifras de venta. Estoy hablando de variedad de tierras adaptadas a determinadas uvas. Estoy hablando de cientos de años de tradición en una manera de hacer los vinos. Estoy pensando en cómo los franceses se acercan a sus vinos y a sus comidas, en cada zona del país. Estamos muy lejos de lo que uno palpa cuando, sin más, toma el coche y se pone a conducir por Francia. Sin citas previas, sin guías. Olfato, vista, oído, gusto y tacto. Los sentidos plenamente dedicados a disfrutar el pasisaje vitícola, a descubrir sus vinos, a comer sus recetas. La última experiencia que he vivido me ha confirmado una impresión de mis últimos viajes y cientos de vinos probados (en varios concursos): hay ciertas zonas que viven casi más de su pasado que de su presente (Bordelais, por ejemplo). Las hay que tienen un pasado espléndido, un presente vivo y un futuro esperanzador (Champagne, Bourgogne). Y tenemos las terceras, que tienen un pasado quizás menos brillante, pero viven un presente ya dinámico. Sobre todo: el futuro es suyo. Pienso en Loire y en los vinos de Languedoc-Roussillon.

Por supuesto, hablo sólo de mi experiencia. Y habrá otros lectores que podrán, quizás, contradecir o completar lo que ahora escribo. Pero el último viaje me ha dejado realmente excitado y con los dos ojos, el paladar, los oídos y la vista bien pendientes de lo que vaya pasando en Languedoc-Roussillon. Tiene una ventaja para mí, claro: está cerca de casa. Y en estas cosas, el trabajo de campo, el ir de pueblo en pueblo descubriendo bodegas, mirando viñedos, paseando por carreteras desiertas y escuchando y hablando con la gente es importante. En este viaje, entramos a Francia por Puigcerdà y la Guingueta (Bourg-Madame), pasamos La Tour-de-Carol y el Puymorens hasta Ax-les-Thermes (qué mal huele este pueblo: azufre en estado puro!). Y aquí ya nos desviamos para poder hacer un recorrido de Norte a Sur y de Oeste a Este, entrando en la zona por la AOC Limoux y saliendo por Banyuls y Rivesaltes. Esta tierra es diversa y disfruta de muchas virtudes y algunos defectos. Empezemos por estos últimos: desde Roquetaillade y Bouriège se percibe ahora mismo la exhuberancia del agua y de las últimas nevadas (impresionantes este 2012), pero la gente del lugar nos habla de la sequía que va ganando terreno. Desde lo alto del Domaine Bellelauze (donde dormimos: ¡magnífico lugar como centro de operaciones! Gran acogida, mucha amabilidad y table d’hôtes 100% casera), nos cuentan cómo los rebaños, hace 50 años, pastaban y bebían en la cima de las colinas que miran al Pirineo. Ahora, tienen que bajar ya un desnivel de más de 200 metros para beber en el río. ¿Cómo se combate esto? Con el cultivo en el viñedo. Impresiona ver la cantidad de cultivo en ecológico (normalmente certificado) o en biodinámico, que convierte el espacio entre cepas en un auténtico jardín de vida y de retención del rocío matinal. Las cosas positivas son sencillas de enumerar (y perdonad ahora, pero voy a generalizar un poco): en función de la localización de los viñedos, hay una buena influencia atlántica en terrenos entre 200 y 300 metros, con corrientes y ambiente más fresco y suelos más arcillocalcáreos. La planta madura más lenta. O la hay muy mediterránea, en altitudes más bajas, con un clima más cálido y seco y maduraciones de planta y uva más precoces, sobre arcillas y limos más ligeros. Y, por supuesto (mirad la foto superior, tomada en la vertiente entre Roquetaillade y Conilhac-de-la-Montagne), existe también la influencia pirenaica, en viñedos con altitudes hasta los 600 metros, más humedad y frescor, maduraciones más largas todavía sobre suelos con más hierro.

Si se sabe tratar la diversidad, uvas y vinos darán lo mejor de si y cada vez encontrarán (ésta es mi constatación en los últimos meses) viticultores que sabrán observar mejor y con más respeto sus viñedos y sus castas. Y hablo tanto de las que se han hecho en el lugar como de las que han llegado de otras zonas de Francia y se han adaptado bien o muy bien aquí. Por supuesto, hay precios y calidades para todos los gustos, pero la media de lo que he conocido y bebido estos días, desde lo más absolutamente desconocido para mí, hasta lo que ya tenía claro que quería probar, ha sido realmente alta. Y me parece mucho que esto seguirá creciendo. Hablo, por ejemplo, de la blanquette de Limoux de Marc Leseney, en Festes-et-Saint-André, siempre con mauzac. Hablo de la chardonnay extraordinaria y del no menos interesante pinot noir del Domaine de Mouscaillo, en Roquetaillade. Pero también de Beirieu o Azam o el Domaine de l’Aigle (antiguo y nuevo propietario) en el mismo pueblo. O de Les Rainettes, en Bouriège (el viñedo de la foto inferior es suyo). O de Delmas en Antugnac. O de Anne de Joyeuse (cooperativa liderada por un hermano de los Fort de Mouscaillo), con un Camas, merlot y también pinot noir, bien interesantes: confieso que hacía años que no disfrutaba tanto con un merlot tan sencillo como apetecible. Todos ellos en la AOC Limoux. Hablo de una tierra que te ofrece Malpère, Minervois, St. Chinian, Picpoul-de-Pinet y, dejando les Corbières al noroeste y el mar al noreste, las grandes maravillas de Maury y Côtes de Roussillon. Sólo les digo una cosa: en apenas un radio de 20 km uno pasa de Latour-de-France (Cyril Fhal) a Calce (Lionel Gauby) y termina en Belesta de la Frontière (con Riberach y su terroir de Belesta).  Singla, Sardà-Malet, los Amis Vignerons d’Anne-Claude Leflaive en la zona…Languedoc-Roussillon: un territorio de enorme riqueza, que te ofrece desde la más leve y delicada burbuja (ancestral), pasando por fragantes y secos rosados de cinsault o de syrah, siguiendo por armoniosos blancos (sean monovarietales o de ensamblaje: Eric Laguerre, con su Le Ciste, por ejemplo), disfrutando de algunos de los grandes tintos del país, desde los de ropaje más discreto y suave hasta los de mayor concentración. Y culminando con algunos de los mejores vinos dulces naturales del mundo entero. Me dejo muchos nombres, me dejo no pocas AOC y VdT del Languedoc-Roussillon. Pero dejo también este mensaje: sigan Ustedes atentos a lo que pase en este sureste francés porque va a merecer la pena.

Heureux celui qui habite entre vignobles