¿Para cuándo la reforma sindical?

Reconocer el papel que los sindicatos han tenido en el pasado en la conquista de los derechos sociales no excluye de la necesidad de reconocer también que en la actualidad ni una parte significativa de los trabajadores, ni otras tantas personas que están en paro, son capaces de ver en ellos unos agentes válidos para representarles y ser garantes de sus derechos. Ni su funcionamiento, ni sus formas –con la huelga general a la vuelta de la esquina– forman parte de este siglo que aún no acabamos de entender.

El famoso «que no nos representan» no tan solo ponía el grito en el cielo contra determinados políticos que empiezan a pagar sus culpas, ni contra unos banqueros que aún venden productos basura.También se referían a estas organizaciones, que sufren los mismos males endémicos que otras tan legíti- mas, necesarias e imprescindibles.

El mejor favor que podrían hacerse las grandes organizaciones sindicales es reformularse hasta el punto de no reconocerse a sí mismas. Hay elementos superficiales, y muy comentados que se podrían incorporar, como la sindicación obligatoria y su consecuente autofinanciación, pero va mucho más allá. También hay un problema de actitud que trasciende, incluso, el uso de un lenguaje arcaico en tiempos de Facebook. Si las huelgas fueron capaces de parar países enteros en el pasado, ¿lo son en el presente? ¿Y en el futuro?

Sea como sea, más grave es aún que los mismos que apoyan una reforma laboral insultante para los trabajadores, te respondan cuando les planteas la necesidad de reformular el funcionamiento de los cuestionados sindicatos que el conflicto social sería incluso mayor que el que se prevé en los próximos meses. Sorprende, pues, esa valentía para perjudicar a trabajadores y, sin embargo, no querer moles- tar mucho a sus representantes.

[artículo original publicado en El Periódico de Catalunya]