Nos llevan a otro fraude democrático

«No nos podemos permitir, y mucho menos en un contexto social de indignación, dejar pasar esta oportunidad. Por fin habrá una ley electoral para Catalunya». Así de convencido se mostraba un importante parlamentario en pleno mes de mayo. Y los que lo escuchamos, le creímos. ¿Para qué? Para que hace unos días se anunciara que el acuerdo, esa magnífica ley electoral que iba a dar legitimidad a las instituciones democráticas, no se iba a poder consensuar en los próximos años.

Por aquellas fechas, poco después del 15-M, Núria de Gispert se permitía el lujo de decir en un foro con activistas sociales que la ley electoral era algo que debían hablar solo los partidos y sin la implicación de la sociedad civil. ¿Para qué? ¿Para que otra vez se frustre a una sociedad que ansía regenerar sus instituciones? ¿Para dar argumentos a los que reniegan de la necesaria política institucional?

Lejos queda el compromiso del president Mas de que a finales del 2012 Catalunya tendría una ley electoral con más opciones para la ciudadanía a la hora de escoger a sus diputados. ¿Qué ha pasado? ¿Tiene algo que ver la renovación de la cúpula del PSC? ¿No han querido ceder, unos y otros, por cálculos partidistas? ¿Los famosos aparatos de los partidos creen que podrían perder poder? Sea como sea han generado, una vez más, una peligrosa frustración.

Ahora más que nunca los medios de comunicación y la sociedad civil articulada deberían poner sobre la mesa el ridículo espantoso y el fraude democrático al que nos han llevado de nuevo. Y ahora más que nunca deberíamos entender que la falta de confianza tiene consecuencias fatales para una democracia sumida en una profunda crisis. ¿Lo peor de todo? Que quizá llegue el día en el que la indignación no solo será comprensible, sino también incontrolable.

[artículo original publicado en El Periódico de Catalunya]