¡Compañeros y compañeras!

Analizar las consecuencias del congreso socialista cuando no han pasado ni siete días sería, ha sido y es atrevido. El contexto en el que se mueve la política española no depende, lamentablemente, ni de sí misma… Y del mismo modo que hubo un día en el que todo un país teñido con las siglas del PSOE cambió casi por arte de magia en cuestión de meses, el camino a la inversa no es tan improbable.

Ahora bien, si Rubalcaba es la imagen de renovación que el socialismo jacobino quiere proyectar, probablemente algo falla. No sé si Carme Chacón era la mejor opción, y ni siquiera sé si el nuevo líder socialista tiene asumido que el futuro pasa por gente como Eduardo Madina y se trata solo de evitar que otros tomen las riendas del partido. Aun así, la explosiva mezcla de un hombre que lleva toda la vida en primera línea, que es de una generación determinada (¿dónde están los políticos postransición?), con esa rimbombante expresión («¡compañeros y compañeras!») y una Internacional como colofón final huele, al menos un poco, a naftalina.

No sé, tampoco, si a Pere Navarro se le habrá quitado un peso de encima y contra Rubalcaba vivirá mejor de lo que hubiera vivido con Chacón, pero en cualquier caso el reto sigue ahí. La influencia de los socialistas catalanes debe pasar por la reivindicación de las singularidades y riquezas de España, pero también por todo aquello relacionado con la renovación del discurso de la izquierda. Probablemente, el impulso que el PSC le quiere dar a su laboratorio de ideas sea una buena oportunidad. Pero es entonces cuando recuerdo esas palabras de un intelectual cercano, paradójicamente, al PSOE: «El problema de la izquierda no son sus ideas, sino las personas que las representan». Quizá, justo lo contrario de lo que les pasa a sus adversarios.

[artículo publicado en El Periódico de Catalunya]