¿Todo gratis?

En una semana en la que en nuestra casa CiU certifica, de nuevo, su compromiso no escrito con el PP, y en un momento en el que deberían y podrían confluir intereses e ideales entre socialistas y el Govern de Mas (y parece que puede pasar, pero a cámara muy lenta), el resto del mundo evoluciona (o involuciona, según se mire cada caso) rápidamente.
En Valencia, Camps es declarado no culpable; en Bruselas, el Ecofin insiste en reducir el déficit de la noche a la mañana; y George Soros (el hombre capaz de destruir una moneda) predica la socialdemocracia e invita en Davos a estimular la economía y no centrarse solo en la reducción por la reducción… La guinda del pastel la pone el mismísimo FBI cerrando portales como Megaupload y abriendo repentinamente, una vez más, un necesario debate sobre qué pasa con la propiedad intelectual.
«El dueño de Megaupload pide ser juzgado en Valencia y no en Nueva Zelanda ni EEUU», ironiza una chica en Twitter. Y es que si un jurado popular (extraña cosa) debiera dictar sentencia para el multimillonario (y mafioso) Kim Schmitz, es más que probable que el resultado fuera similar al de Camps .
Lucía Etxebarría debería tranquilizarse cuando ve que se descargan más libros de los que vende –quizá es que no hay muchos dispuestos a pagar determinada cantidad, en ocasiones desorbitada, por sus obras–, y lo mismo pasa con los prohibitivos cedés o las propias películas. Pero de ahí al todo vale (mientras se enriquece un mafioso hasta hace poco desconocido) hay un trecho.
Spotify ya demostró que existen fórmulas mixtas, y muy accesibles, en el terreno de la música, y lo mismo pasa con la edición electrónica de este periódico… La producción de información –o de cultura– tiene costes y obviarlo es peligroso porque de ello dependen (no lo olvidemos) miles de familias.

[artículo publicado en El Periódico de Catalunya]