España no nos roba; nos limita

Los diputados autonómicos de Alfons López Tena y Uriel Bertran, ambos de Solidaritat Catalana, dicen en sede parlamentaria que “España nos roba”. Jordi Cañas (Ciudadanos) critica que se normalicen ese tipo de expresiones. Y, finalmente, la presidenta del Parlamento autonómico, Núria de Gispert (CiU), alerta que como la mayoría de diputados autonómicos no están de acuerdo con esa inoportuna expresión, no las va a admitir.

Probablemente, decir que “España nos roba” no tan solo no se corresponde con la realidad, como cuando se habla de “expolio fiscal” en vez de “déficit fiscal” (aunque sean cifras desorbitadas), sino que, además, roza (o incluso algunos piensen que traspasa) algunos límites que se deberían reconsiderar.

En una de las primeras clases de Ciencia Política te enseñan la diferencia conceptual entre las democracias y las democracias liberales. En las primeras, por sintetizar, todo aquello que vota la mayoría es aceptado. ¡Oh! Así es la democracia… En las segundas, no todo vale. El derecho a la vida, por ejemplo, está por encima de la opinión de las mayorías. Tanto es así que la pena de muerte podría aprobarse en un régimen democrático, pero no en un régimen democrático liberal. O, al menos, así es la teoría.

Pues bien. El argumento de la presidenta del Parlamento autonómico para no aceptar en sede parlamentaria expresiones como las de López Tena (“España nos roba”) y alegando que toda expresión que no guste a la mayoría de los diputados no será aceptada, también chirría. ¿Dónde queda la libertad de expresión de un diputado que representa a miles y miles de ciudadanos?

Decir con naturalidad que “España nos roba” es tan peligroso, y me produce la misma sensación, que la que me provocaría un diputado alemán que dijera en su parlamento que “Grecia nos roba”, fomentando así un conflicto con antecedentes históricos más bien recientes. Ahora bien, ¿prohibiendo el uso de la expresión qué se soluciona?

Las horas siguientes a la polémica, que sin serlo es de apariencia puramente anecdótica, López Tena -hábil, pero, maleducado e hiriente- se ha dedicado a injuriar y descalificar (“mamarracha”, ha llegado a decir) a la presidenta de una institución (catalana, por cierto). Sin embargo, algunas cosas que nos deberíamos plantear son: ¿la libertad de expresión de un diputado puede limitarse con esa argumentación? ¿Soluciona, o al contrario, agrava el problema prohibir el uso de determinadas expresiones? ¿Por qué no se habla del problema de fondo? ¿Qué limites debería tener la solidaridad entre territorios? ¿Qué precedentes marca la polémica de ayer?

Del “España nos roba” al silencio, por imposición, hay un amalgama de opciones que, seguramente, no tan solo se presumen necesarias, sino imprescindibles. Para que el simplista, demagogo y peligroso discurso de López Tena no tenga consecuencias imprevisibles (normalizar a un enemigo) lo mejor sería pararse a pensar primero, si se soluciona algo no dejándole decir barbaridades y, segundo, revisando, de una vez, la limitación que el Estado (no España, que es un ente abstracto) sobrepone en relación a la Generalidad a la hora de redistribuir nuestros impuestos.

[artículo original publicado en La Voz de BCN]